Escasa
creatividad y “siempre lo mismo”, en las
pantallas hogareñas.
La
televisión chilena está viviendo momentos
difíciles, conflictivos; aunque algunos productores
del medio argumentan que este fenómeno es mundial.
No obstante, cada día se percibe
un mayor deterioro en la producción de TV local.
No hay nuevos creadores ni programas del gusto del
gran público.
Se cayó en lo que aquí
se ha dado en llamar la “farandulización
de la TV”, es decir, programas sin ningún
contenido, con excesos de frivolidades, invitados
grotescos y dispuestos a hacer el ridículo
a costa de cualquier cosa.
Salvo honrosas excepciones, la programación
nocturna de la mayoría de las estaciones de
TV chilenas, han caído en la grotesca presentación
de cursilerías y frivolidades reiterativas.
El televidente chileno ya se cansó de tanta
torpeza e idiotez emitida a través de la pequeña
pantalla.
IMPACTO
EN LA COMUNIDAD
Lo
más grave es que no se vislumbra aún
un cambio en esta poderosa industria audiovisual,
hoy por hoy con un tremendo impacto en la comunidad
en general. Recientes encuestas han dejado en
evidencia que la televisión es, precisamente,
el medio de comunicación que absorbe
al mayor número de personas a la hora
de elegir formas de entretención y esparcimiento.
Como lo señalara el periodista
de Televisión Nacional de Chile, Amaro Gómez-Pablos,
“la tontería se apoderó de la
TV”.
Esta línea se ha estado repitiendo
desde que asumió un estratégico segmento
nocturno en la estación de TV privada, Mega,
el animador Kike Morandé, quién por
buscar afanosamente el rating, cayó en la “farandulización”
y la “frivolización” de sus programas,
en donde impera la vulgaridad y el mal gusto.
IMPARABLE
FARANDULIZACIÓN
Estos espacios, según recientes
encuestas, tiene alto rating. Lamentablemente, el
público se ha puesto poco exigente y parece
haberse acostumbrado a esta imparable farandulización.
Se extrañan los programas con
contenido, los buenos reportajes con análisis
de fondo, las entrevistas a personajes que verdaderamente
tienen cosas que comunicar.
En
fin, parece que la moda es frivolizar los contenidos
y convertir en superficial cualquier concepto
humano o emotivo profundo.
Hay
excepciones, sin duda, como las atractivas propuestas
dramáticas de Carlos Pinto, muy a su
estilo, entre ellas “Los cuentos del tío”.
He ahí una clara prueba de que es factible
hacer buena televisión sin caer en lo
chabacano, en lo grotesco y en la innecesaria
vulgaridad.
Reiteramos lo señalado por
el periodista Amaro Gómez-Pablos: “La
tontería se apoderó de la TV”.
Es de esperar que esta nefasta moda pase lo más
rápido posible para poder sentarse, en algún
momento, frente a la TV y disfrutar de una buena programación
nocturna.
De lo contrario, gran parte de ese
público televidente, ansioso de una programación
de calidad, continuará buscando alternativas
en TV Cable.