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Álvaro
Cabrera recientemente estrenó su obra "La
víctima es un espejo", y la violinista
Catalina Escobar Avaria demostró su virtuosismo
que la llevó a obtener el Primer Lugar en
el Concurso Nacional de Jóvenes Solistas,
y a desempeñarse como Concertino de la Orquesta
Sinfónica Nacional Juvenil, a los 18 años
de edad.
La
juventud se ha apoderado del Teatro Universidad
de Chile (Plaza Italia) donde se está
desarrollando la Temporada del Descubrimiento
2004 de la Orquesta Sinfónica de Chile.
En el tercer concierto de este ciclo, dos
juveniles músicos demostraron su talento.
SINFONÍA
Nº.40 |
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Este
atractivo programa, fue dirigido por el maestro
David del Pino Klinge, culminando con la interpretación
de la Sinfonía N°40, de Wolfgang Amadeus
Mozart.
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Con
su primer trabajo orquestal, “La víctima
es un espejo” participó en este
concierto el compositor Álvaro Cabrera,
de 28 años. Sus estudios musicales los
realizó en la Facultad de Artes de la
Universidad de Chile y los profundizó
luego de titularse, con los maestros Aliocha
Solovera y Miguel Letelier, en composición,
contrapunto, armonía y orquestación.
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“La
víctima es un espejo” fue escrita el
año 2003 bajo la guía de Aliocha Solovera
y está dedicada a Jorge Peña Hen.
UNA
ALUMNA DESTACADA
Ganadora
del Concurso Nacional de Jóvenes Solistas,
Catalina Escobar Avaria, de sólo 18 años,
es alumna del destacado violinista ruso Denis Kolobov,
en el Conservatorio de Música de la Universidad
Mayor.
Inició
sus estudios musicales en la Escuela Moderna
de Música y fue alumna de los profesores
Juan Sebastián Leiva y Sergio Prieto.
Además de haber sido becada en varias
oportunidades, ha ganado diversos concursos
como el Elena Waissen 1995; el Concurso Nacional
de Violín en 2002 y el Concurso de
Jóvenes Talentos organizado por la
Orquesta Sinfónica de Chile, el 2004.
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Catalina
Escobar actualmente se desempeña como Concertino
de la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil,
paralelamente a sus estudios musicales.
MOZART,
EL GRANDE
Las
tres últimas sinfonías de Mozart nacieron
entre el 26 de junio y el 10 de agosto de 1788,
en un verano lleno de preocupaciones, enfermedades
y falta de dinero para el genial compositor. En
el curso de sus sinfonías 39, 40 y 41, Mozart
camina a pasos agigantados directamente hacia la
gran orquestación del Siglo XIX, el siglo
de las orquestas gigantes.
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